La historia no avanza por caprichos del calendario, sino por el peso acumulado de la voluntad. El pasado 3 de diciembre, al pie del Monumento Nacional a la Bandera, Rosario puso la firma final a una lucha que se gestó hace más de un siglo. No fue un acto administrativo más; fue la rúbrica sobre la tesis municipalista de Lisandro de la Torre y el gesto fundacional que le permitió a la ciudad conquistar, al fin, su autonomía institucional, política, administrativa, económica y financiera. Como bien sentenció el intendente Pablo Javkin durante la ceremonia, cargada de simbolismo y resonancias históricas, se trató de «un sueño de grandeza, un acto de necesidad».
El camino hacia la autonomía plena, largamente postergado por la provincia de Santa Fe, culmina ahora con el reconocimiento del poder de autogobierno. Rosario deja de ser una mera delegación administrativa sujeta a la tutela y las demoras burocráticas, para asumir su estatura de metrópolis madura. Es la consagración de una identidad indómita, construida a fuerza de puerto y esfuerzo, que ya no desea que «otros la definan».
La trascendencia del evento, más allá de la emoción política, radica en el inicio de una nueva era. El mensaje es claro: «Rosario se saca el pie que tenía sobre su cabeza». Este paso es solo el primer escalón. La ordenanza promulgada no solo declara la autonomía, sino que habilita el ejercicio inmediato de competencias propias en diversas materias, preparando el terreno para la convocatoria a la Convención Constituyente de 2027, que deberá redactar la definitiva Carta Orgánica de la ciudad.
La conquista de la autonomía no es un fin en sí mismo, sino una poderosa herramienta de gestión y desarrollo. Para el Foro de la Vivienda Rosario y las entidades que lo integran, el impacto más profundo y tangible reside en la transferencia de facultades clave en materia de planeamiento urbano y régimen de usos del suelo.
Antes de este hito, las decisiones estructurales sobre cómo y dónde podía crecer la ciudad a menudo requerían autorización o validación provincial, encorsetando la capacidad de respuesta local. Con la autonomía, Rosario adquiere la libertad plena para definir, con precisión y sin dilaciones, su propio modelo de desarrollo territorial.
Esto significa, en la práctica, que el municipio tendrá potestades innegociables para:
El hecho de que Rosario ahora pueda decidir por sí misma sobre su régimen de usos del suelo representa una oportunidad histórica para el sector de la vivienda. Permite pasar de una gestión reactiva a una planificación estratégica donde el acceso a la vivienda digna, tanto pública como privada, pueda ser incorporado como un eje central e inamovible de la futura Carta Orgánica.
El Foro de la Vivienda Rosario se encuentra, por lo tanto, ante un escenario inédito: el municipio tiene ahora la caja de herramientas completa para legislar y ejecutar políticas habitacionales sin la tutela superior. El reto no es menor: la autonomía exige responsabilidad y la capacidad de llenar de contenido el marco jurídico.
La firma de la promulgación fue la culminación de un siglo de espera. El verdadero trabajo empieza ahora: construir la ciudad que este nuevo estatus institucional permite soñar. Rosario, la «ciudad sin fundador» que nació de la resistencia y el coraje, ha alcanzado el estatus que tanto anhelaba; el futuro de su crecimiento y el techo de sus habitantes dependen, hoy más que nunca, de su propia decisión.